La disminuida libertad de prensa

Desde 1988 la relación entre prensa y comunicadores ha ido cambiando. Se avanzó en el campo de las libertades, pero ahora estamos experimentando un retroceso en este campo que, en nuestro país, es muy frágil, como la democracia, los derechos de las mujeres y las minorías, y la vida institucional en general. En un informe de 2021, Reporteros sin Fronteras (RSF) publicó el estado de la libertad de prensa en el mundo. Existe un selecto grupo de 12 países donde este derecho se ejerce libremente. Solo hay dos países de América en este rol: Jamaica y Costa Rica.

México aparece en el mapa en rojo, es decir, con una libertad de prensa en peligro. Nuestro país ocupa el lugar 143 de 180, solo cinco lugares por encima de Venezuela. A continuación se encuentran naciones americanas como Honduras y Cuba, el resto del continente tiene mejores condiciones en cuanto a libertad de expresión. Ser periodista es una profesión de alto riesgo. Según RSF, desde 2000 ha habido al menos 138 comunicadores asesinados. Los últimos fueron Abraham Mendoza, en Michoacán, y Ricardo Domínguez López, en Sonora, ambos en julio.

En este contexto, es preocupante que el presidente López afirme continuamente que la libertad de expresión está garantizada como si fuera el otorgante de ese derecho. La libertad de expresión está garantizada por tres pilares: la Constitución de la República, la historia y el libre ejercicio de periodistas, columnistas e intelectuales. Es el Estado, no el Ejecutivo, el guardián de ese derecho.

Es preocupante porque si desde su percepción es él quien otorga esa «libertad», entonces se puede asumir que también se la puede quitar, como en los viejos tiempos del presidencialismo. Un dato que puede confirmarlo es el hecho de que varios de los simpatizantes que asisten a las mañanas, como «periodistas», han lanzado fuertes ataques contra periodistas y medios de comunicación, pidiendo que sean sancionados por mentirosos. Incluso se les ha pedido que los acusen de traición. En las redes sociales, un desafío al presidente llueve sobre el «culpable» un aluvión de descalificaciones y ataques.

Siempre generoso, López Obrador ha respondido que no violará la libertad de expresión, incluso -señala- si mienten sobre él o su familia. Una vez más, independientemente de que lo que se escriba sobre él o su gobierno sea verdad o mentira, no tiene derecho a restringir las libertades. Sin embargo, es cierto, como él mismo afirma, que tiene derecho a réplica. Si la información es incorrecta, calumniosa, incompleta o falsa, se puede aclarar o refutar con argumentos. Hacer esto es saludable para una democracia.

Pero el presidente va más allá del derecho de réplica. Sus respuestas equivalen a responder a balas, señales escritas u orales. La respuesta a los medios y comunicadores rara vez va acompañada de argumentos aclaratorios o correctores. Tampoco viene en forma de comunicados de prensa institucionales o en la voz de un funcionario responsable. Casi siempre es el mismo presidente el que «responde» y lo hace descalificando a los medios de comunicación, al comunicador oa ambos, acusándolos de ser parte de un grupo que alguna vez fue consentido por la fuerza de los proyectos de ley, que calló ante los atropellos de la gobiernos del pasado. Cuando descalifica, no suele detenerse en un médium ni en un comunicador, barre con todo y con todos.

Esto, digamos, «estilo» lo exime de dar argumentos y razones. Es una bofetada que acaba con el diálogo. Su última y lapidaria frase es: «Tengo pruebas y puedo probarlas». Lo cual, por cierto, en realidad nunca lo hace.

Leí en alguna parte, refiriéndome a Donald Trump, que cada populista tiene su propio punto de vista sobre lo que es la libertad de expresión y de prensa. Pero, en mi experiencia, los populistas no son los únicos que acuñan su propia definición. He conocido a muchos políticos y nunca encontré a uno a quien le gustara una prensa de búsqueda. Todos reaccionaron mal cuando se publicó o difundió una nota crítica o adversa. Lo primero que me vino a la mente no fue: «¿Qué estoy haciendo mal y cómo debo corregirlo?» No, lo primero que me vino a la mente fue la expresión: «control de daños». Ya se sabe que hay expertos en este control de daños. ¿Por qué esta reacción? Simplemente porque lo que se les señaló no ocurrió por error u omisión, sino como parte de una acción deliberada. El «no sabía», «no estaba al tanto», «se hizo sin mi autorización» son frases que se llevan en el bolsillo de cualquier personaje poderoso.

Es lamentable que, a medida que avanza la administración lopezobradorista, la estrategia de comunicación identifica cada vez más a los medios y comunicadores como sus enemigos. Los ataques a estos son más frecuentes y más fuertes que a otros actores políticos. Por cierto, ve a quienes se involucran en el crimen organizado como víctimas del sistema. Esos no son tus enemigos, ni siquiera tus adversarios.

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