El preahorro, un cambio en nuestros patrones tradicionales de ahorro • Red Forbes • Forbes México

Son muchas las razones por las que en cualquier momento de nuestra vida pensamos que sería bueno empezar a ahorrar constantemente. Sin embargo, aunque el objetivo a alcanzar está claramente determinado, muchas veces no sabemos cómo empezar a hacerlo de forma sistemática. Para hacer esto, necesitamos encontrar un método o comportamiento que nos facilite todo este proceso. Un sistema que es útil en este sentido y que nos hace mucho más fácil ahorrar cada mes es utilizar la fórmula de pre-ahorro.

Cuando un individuo decide ahorrar y no tiene un hábito de ahorro consolidado, lo que suele hacer es esperar hasta fin de mes y ver cuánto dinero le sobra y solo entonces depositarlo en un instrumento de inversión. Esto suele ocurrir así porque esta es la fórmula que normalmente hemos aprendido desde pequeños. Además, tenemos que tener en cuenta que nuestro cerebro está programado para consumir todos los recursos que tiene a su alrededor o lo que es lo mismo estamos «programados» para gastar todo el dinero que podamos y no dejar ningún tipo de remanente en nuestro cuenta corriente. El motivo que explica esto es que nuestro cerebro siempre busca la recompensa inmediata frente a la gratificación a largo plazo que supone el mecanismo de ahorro.

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En este sentido, resulta interesante el experimento Marshmallow que se llevó a cabo con varios cientos de niños y que, simplificándolo mucho, consistió en poner un caramelo sobre una mesa en una habitación cerrada. En esta sala las paredes estaban pintadas de un color neutro y aparte de la mesa y el caramelo no había otro elemento que pudiera servir de distracción. Antes de entrar a la habitación, se le dijo al niño que podía comer la golosina cuando quisiera, pero que si esperaba solo cinco minutos, recibiría una golosina adicional. La decisión de esperar esos pocos minutos parecería lógica, pero la realidad que demostró el experimento es que solo un tercio de los niños lograron aguantar los cinco minutos requeridos. Podemos pensar que esto solo sucede cuando somos niños. Sin embargo, cuando somos adultos esto también sucede, aunque en menor medida y es que debemos tener en cuenta que con el paso de los años los adultos podemos desarrollar la capacidad de autocontrol o dominio sobre nosotros mismos en mayor o menor medida.

Para evitar las posibles tentaciones al gasto que recibimos del mundo exterior, es cuando la fórmula del pre-ahorro cobra todo su sentido. Este método consiste en descontar una parte de nuestro salario a principios de mes como si fuera un gasto más. En definitiva, se trata de retirar del dinero que tenemos disponible para ese periodo un determinado porcentaje del mismo. De esta forma no tendremos la excusa de que cuando llegue el fin de mes nuestros gastos se hayan comido todos nuestros ingresos y que, por tanto, no hemos podido ahorrar nada.

También hay que tener en cuenta que la posibilidad de gastar hoy es mucho mayor que la que existía hace unas décadas. Por un lado, las opciones de ocio se han multiplicado enormemente y, por otro lado, porque el comercio electrónico nos permite comprar de forma inmediata cualquier cosa desde cualquier lugar y en cualquier día de la semana.

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Pero, ¿cómo sabemos qué porcentaje podemos pre-guardar sin que esto nos haga reducir significativamente nuestro bienestar? En este punto podemos utilizar varias técnicas. La primera la podemos definir como la técnica de prueba-error y consistiría en retirar el primer mes en forma de un pre-ahorro de una cantidad muy pequeña de dinero. Por ejemplo, podría ser el 1% de nuestros ingresos. El mes siguiente analizaríamos cómo nos ha ido el mes económicamente hablando y luego evaluaremos si podemos ir más lejos o no en nuestro pre-ahorro. Supongamos que decidimos que podemos ir más allá y duplicar esta cantidad al 2%. Luego, al mes siguiente, volveríamos a evaluar nuestro escenario financiero y ajustaríamos nuestra capacidad de ahorro a nuestro potencial.

Otra fórmula podría ser crear un presupuesto a principios de mes y ver cuáles son nuestros ingresos y gastos. Una vez hecho esto, analizaríamos en profundidad la partida de gastos y determinaríamos cuáles podrían ser prescindibles. Supongamos que podríamos ahorrar el 15% de nuestro salario según estos cálculos. Esa cifra podría ser la que retiremos de nuestra disponibilidad en cuanto recibamos nuestro salario. Sin embargo, es recomendable no apurarse tanto. Durante el mes siempre hay gastos inesperados o queremos darnos un capricho y tener algunos fondos extra no presupuestados podría ayudarnos en esto.

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En este caso, podríamos pre-guardar el 10% de nuestros ingresos y depositarlo en una cuenta de ahorros desde la que canalizaríamos nuestras inversiones. Los fondos para gastar en nuestras necesidades diarias estarían en esa cuenta bancaria operativa que es donde recibimos nuestro salario y el dinero que ahorramos estaría en otra cuenta que serviría de base para nuestras inversiones.

En definitiva, la fórmula de pre-ahorro no es otra que considerar el ahorro como un gasto más y sacarlo de nuestra cuenta corriente a principios de mes cuando ingresamos nuestras tarifas. Se trata de evitar la típica excusa de esperar a que acabe el mes y nos decimos que los gastos han sido tantos que nos ha sido imposible ahorrar. La mejor fórmula para que esto funcione es que todo se haga automáticamente. Es decir, cuando ya haya definido que mis pre-ahorros serán x pesos mensuales, entonces ordenaré a mi banco que retire automáticamente esa cantidad de mi cuenta operativa y la ingrese en mi cuenta de ahorros.

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